Un Dios borracho y fiestero

Imagen: Jesus con una botella de cerveza

Ya mencioné varias veces que Dios se hizo hombre. Sin embargo, cada vez que pienso en eso vuelvo a sorprenderme de lo extraño e increíble de todo el asunto: Jesús es Dios hecho hombre. Ni más ni menos que eso.

Hay algo que me inquieta todavía más, darme cuenta que Jesús es como Dios eligió ser cuando se hizo hombre.

¿Te preguntaste alguna vez cómo sería Dios si estuviera acá en la tierra y tuviera que vivir de la misma manera que vivimos nosotros? Bueno, Jesús.

¿Te imaginaste cómo sería poder mirar a Dios cara a cara, conversar con él y hacerle miles de preguntas? Bueno, Jesús.

¿Quisiste saber alguna vez cómo reaccionaría Dios a diferentes situaciones? ¿Qué lo haría reír o llorar? Si, la respuesta también es Jesús.

Dios se hizo hombre y nos mostró cómo es él, sin reservas ni pretensiones.

Es por eso que al mirar a Jesús y ver cómo vivió en esta tierra, estamos conociendo a Dios en toda su totalidad. Vemos cómo habla Dios, cómo camina Dios, cuáles son sus preferencias y qué cosas no le gustan, vemos cómo se comporta con sus amigos y cómo trata a quienes lo prefieren de enemigo. Lo vemos en todas sus facetas: alegre, triste, enojado, apurado, bondadoso, entusiasmado o impaciente, entre tantas otras. Jesús es Dios corriendo el telón e invitándonos a conocerlo tal cual él es.

Pero hay una parte de este Dios/hombre que me resulta un tanto complicada: sus amistades.

¿Te acordás del dicho “dime con quién andas y te diré quién eres”? Ese es un dicho que habrá estado en boca de muchos al mirar como Jesús vivía su vida. Hay ciertas partes de la Biblia que nos muestran la clase de personas con las que Jesús pasaba tiempo.

Veamos juntos varias escenas de la vida de Jesús:

1.

[Jesús] festeja y bebe, y ustedes dicen: “Es un glotón y un borracho, ¡y es amigo de cobradores de impuestos y de otros pecadores!”. 1

2.

Una mujer de mala fama, que vivía en aquel pueblo, supo que Jesús estaba comiendo en casa de Simón. Tomó entonces un frasco de perfume muy fino, y fue a ver a Jesús.

La mujer entró y se arrodilló detrás de Jesús, y tanto lloraba que sus lágrimas caían sobre los pies de Jesús. Después le secó los pies con sus propios cabellos, se los besó y les puso el perfume que llevaba.

Al ver esto, Simón pensó: “Si de veras este hombre fuera profeta, sabría que lo está tocando una mujer de mala fama.” 2

3.

Eran como las doce del día, y Jesús estaba cansado del viaje. Por eso se sentó a la orilla del pozo (…) En eso, una mujer de Samaria llegó a sacar agua del pozo. Jesús le dijo a la mujer:

—Dame un poco de agua.

Como los judíos no se llevaban bien con los de Samaria, la mujer le preguntó:

—¡Pero si usted es judío! ¿Cómo es que me pide agua a mí, que soy samaritana? (…)

En ese momento llegaron los discípulos de Jesús, y se extrañaron de ver que hablaba con una mujer. Pero ninguno se atrevió a preguntarle qué quería, o de qué conversaba con ella. 3

4.

Jesús y sus discípulos estaban cenando en la casa de Mateo. Muchos de los que cobraban impuestos, y otras personas de mala fama que ahora seguían a Jesús, también fueron invitados a la cena.

Cuando algunos maestros de la Ley, que eran fariseos, vieron a Jesús comiendo con toda esa gente, les preguntaron a los discípulos:

—¿Por qué su maestro come con cobradores de impuestos y con gente de mala fama?

Jesús los oyó y les contestó:

—Los que necesitan al médico son los enfermos, no los sanos. Y yo vine a invitar a los pecadores para que regresen a Dios, no a los que se creen buenos. 4

Hay muchas escenas más donde vemos la clase de compañía que frecuentaba Jesús: gente de mala fama, estafadores, prostitutas y terroristas.

Quiero que vuelvas a recordar lo que decía al principio: esta persona es Dios mismo.

Un Dios que se hizo hombre y comió (con grasa de cordero en sus manos y migas de pan en su ropa), riéndose con personas que no sabían cómo llorar. Un Dios que bebió vino y contó chistes en casa de personas que de tanto llorar habían olvidado cómo reír. Un Dios completamente accesible.

Quizás te preguntes por qué este Dios parecía frecuentar más la casa de gente así en vez de ir a lugares con mejor reputación. Hay varias razones, pero una de las más obvias es que, irónicamente, a él no le dieron el lugar que le corresponde en los templos y las casas de las personas que lo adoraban. Pero él si encontró las puertas abiertas y un lugar en la mesa de aquellos que apenas sabían su nombre.

Imagen: Jesus en una fiesta

Por esa razón Dios fue criticado y llamado glotón y borracho. Pero en vez de ofenderse, él tomó eso como el mejor cumplido que podía recibir (y de paso les dijo a los críticos que no sean tan histéricos)

Lo cual me lleva a pensar algo un poco incómodo para quienes crecimos en la iglesia y nos gustaría considerarnos personas respetables:

Si Dios volviera a la tierra y quisiéramos estar con él, ¿lo encontraríamos en una iglesia o tendríamos que ir a buscarlo a un boliche gay?

¿Todavía estás acá?

Yo sé que a esta altura probablemente quieras que aclare que Jesús hacía lo que hacía para que las personas lo conocieran y sus vidas fueran transformadas. Quizás también quieras que mencione que la Biblia también nos enseña a tener cuidado de no dejar que nuestras compañías nos alejen de Dios. Y ya que estamos, estoy seguro que estarás recordando ciertas partes de la Biblia en donde claramente nos advierte todo esto de “dime con quién andas y te diré quién eres”.

Pero todo eso no importa tanto frente a la clara evidencia de las personas con quienes Dios se sentía cómodo y la clase de personas que más cómodas se sentían con Dios. Y esa evidencia me demuestra que aquellos que más decían conocer y obedecer a Dios fueron los mismos que se escandalizaron con Dios cuando él vino a vivir a la tierra. Tanto que lo tildaron de borracho y fiestero.

Dios terminó siendo la clase de persona con la que tu mamá te advertía que no te juntaras.

Voy a resistir la tentación de explicar la conducta de Dios, porque vos y yo somos grandes y sabemos cómo comportarnos. Pero si quiero comentar sobre lo que estaba sucediendo en esos momentos que él iba a las fiestas a las que lo invitaban y se juntaba a comer con todas esas personas mal vistas por los religiosos. Él estaba escapándose de los templos y eligiendo ir con quienes jamás pisarían un templo.

La religión había secuestrado a Dios y quería cobrar entrada a quienes querían conocerlo.

Como dice una canción de U2:

Pusieron a Jesús en el negocio del entretenimiento. Ahora es difícil poder entrar. 5

Pero él no iba a aceptar eso. Un día abandonó el templo y se fue a las casas de las personas que lo querían recibir (aunque en los templos sigan diciendo que él es su artista exclusivo).

La religión quería excluir a ciertas personas, pero Dios prefirió excluir a la religión y quedarse con las personas.

Yo sé que Dios no cambia y sigue siendo el mismo que era antes. Por eso sé que si quiero encontrarlo y pasar tiempo con él, mejor comienzo a buscar en los mismos lugares que él frecuentaba en la tierra. Y si quiero ser más parecido a él, entonces tengo que renunciar a ser popular en círculos respetables y dedicarme a pasar más tiempos en otros círculos. Como dijo el Apóstol Pablo:

Pero todo aquello que para mí era valioso, ahora lo considero sin valor por causa de Cristo. Es más, todo lo considero una pérdida comparado con el supremo valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo y lo considero basura. 6

No se trata de que algunos grupos sean menos pecadores que otros, esa es una mentira que fue desenmascarada más de una vez en la Biblia. 7 Sino que el único requisito que Dios siempre pidió para quienes querían su amistad era abandonar la hipocresía y el intento de parecer buena gente. Y aquellos con quienes él pasaba tiempo en la tierra eran personas que sabían bien quiénes eran y no hacían ningún intento de esconderlo.

Hay una de las historias de Jesús que refleja esto de una manera muy directa. Según cuenta la Biblia:

Una vez, Jesús estuvo hablando con unas personas, de ésas que se creen muy buenas y que siempre están despreciando a los demás. A éstas, Jesús les puso este ejemplo:
“Dos hombres fueron al templo a orar. Uno de ellos era fariseo y el otro era cobrador de impuestos.
Puesto de pie, el fariseo oraba así: ‘Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres. Ellos son ladrones y malvados, y engañan a sus esposas con otras mujeres. ¡Tampoco soy como ese cobrador de impuestos! Yo ayuno dos veces por semana y te doy la décima parte de todo lo que gano.’
El cobrador de impuestos, en cambio, se quedó un poco más atrás. Ni siquiera se atrevía a levantar la mirada hacia el cielo, sino que se daba golpes en el pecho y decía: ‘¡Dios, ten compasión de mí, y perdóname por todo lo malo que he hecho!'”
Cuando terminó de contar esto, Jesús les dijo a aquellos hombres: “Les aseguro que, cuando el cobrador de impuestos regresó a su casa, Dios ya lo había perdonado; pero al fariseo no. Porque los que se creen más importantes que los demás, son los menos valiosos para Dios. En cambio, los más importantes para Dios son los humildes.” 8

Creo que es mejor no preocuparse por la mala reputación o el qué dirán. La reputación de Dios era malísima y a él no le importaba en lo más mínimo. Estaba demasiado disfrutando la compañía de quienes lo recibían con los brazos abiertos.

 

  1. Lucas 7:34, Nueva Traducción Viviente
  2. Juan 14:37-39, Traducción en Lenguaje Actual
  3. Juan 4:25-27, Traducción en Lenguaje Actual
  4. Marcos 2:15-17, Traducción en Lenguaje Actual
  5. U2 – If God will send his angels
  6. Filipenses 3:7-8
  7. Sobre todo en las palabras de Jesús contra los hipócritas (ver ejemplos en Mateo 23 y Mateo 15:7-9)
  8. Lucas 18:9-14, Traducción en Lenguaje Actual

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