El muchacho que no se quedó en penitencia

Vagabundo

Las historias suelen ser mucho mejores que los monólogos y las disertaciones a la hora de hacernos entender temas profundos. Por algo Jesús era un experto a la hora de contar breves historias que tenían la capacidad de transformar vidas.

Hay una de esas historias que sigue siendo tan poderosa como la primera vez que fue contada: la parábola del hijo pródigo. Este relato (te recomiendo que lo leas acá antes de continuar) es probablemente el más famoso y emotivo de todos los que Jesús contó. Y no sin razón, en él Jesús logra plasmar claramente cómo somos los seres humanos, cómo es Dios y cuál es el mensaje más importante que Jesús vino a darnos. ¿Sabés cuál es ese mensaje?

Cuenta la Biblia que cuando Jesús comenzó a predicar públicamente, lo que comunicaba era simple:

Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca. 1

Todas las historias que él contaba trataban, directa o indirectamente, con este mismo mensaje.

Entender qué era lo que Jesús trató de explicar de mil maneras es más que importante, puede llegar a cambiarnos la vida para siempre.

Y en la historia del hijo pródigo encontramos la explicación más clara.

Si Jesús viviera hoy tendría mucho éxito escribiendo series de televisión. La trama de este relato es simple: El hijo de un hombre rico toma una mala decisión y termina sufriendo las consecuencias de su propia rebeldía. Es predecible y creíble. Sin embargo hay un momento donde todo cambia:

Cuando finalmente entró en razón, se dijo a sí mismo: “En casa, hasta los jornaleros tienen comida de sobra, ¡y aquí estoy yo, muriéndome de hambre! 2

Volvamos al principio para entender que tiene de crucial ese momento.

Luego de haber exigido su herencia (aún antes que su padre haya muerto y la herencia fuera repartida como correspondía), cuenta Jesús que “el hijo menor empacó sus pertenencias y se mudó a una tierra distante, donde derrochó todo su dinero en una vida desenfrenada” 3. En vez de vivir la vida que había imaginado, pronto se encontró sin dinero en otra región durante una terrible crisis económica. Así fue como el muchacho terminó trabajando para un agricultor, cuidando cerdos a cambio de comida. Dice Jesús que “el joven llegó a tener tanta hambre que hasta las algarrobas con las que alimentaba a los cerdos le parecían buenas para comer, pero nadie le dio nada4. Es obvio que todas sus decisiones habían sido incorrectas y que había actuado de la peor manera posible, pero para su mérito hubo una sola cosa que este muchacho hizo bien: reaccionó. Después de haber vivido tomando una mala decisión tras otra, “finalmente entró en razón”. O, para usar las palabras de Jesús, se arrepintió.

En el idioma original del Nuevo Testamento, la palabra traducida como arrepentimiento es una palabra muy interesante: metanoia. Curiosamente, metanoia no tiene nada que ver con lamentarse por los pecados cometidos, sentirse culpable, llorar o prometer ser bueno en el futuro.

La palabra arrepentimiento (que tanto usaban Jesús y otros escritores de la Biblia) tiene varios significados:

  • cambio de mentalidad
  • cambio de opinión
  • cambio fundamental en la manera de pensar y de vivir
  • transformación de la percepción
  • reformación
  • etc.

Tiene tantos significados que no hay una sola palabra en español que nos sirva para traducirla completamente.

Entonces, ¿quién tiene la culpa de que todo este tiempo hayamos entendido mal el significado de arrepentirse?

Probablemente unos traductores bastante depresivos.

Según registra la historia, entre los siglos II y IV muchas personas comenzaron a traducir partes del Nuevo Testamento del idioma original (griego) al idioma que más se usaba en ese momento (latín). En ese período, la palabra en latín que eligieron para traducir metanoia, fue pænitentia (que terminó convirtiéndose en arrepentimiento en español).

El problema está en que pænitentia significa, entre otras cosas:

  • demostrar dolor por haberse portado mal
  • sentir dolor por estar a punto de ser castigado
  • castigo público
  • serie de ejercicios penosos

Quizás la palabra te suene familiar por palabras como penitenciaria, o de cuando te “ponían en penitencia” de niño y en vez de salir a jugar y divertirte tenías que quedarte en un rincón de tu habitación pensando en lo mal que te habías portado.

¡Precisamente lo mismo que estaba haciendo el hijo pródigo mientras planeaba robarle la comida a los cerdos!

Quizás te preguntes qué tiene de importancia el error de unos traductores que vivieron hace mucho tiempo. La cuestión está en que entender mal lo que Jesús nos quiso decir nos puede complicar la vida a la hora de querer seguirlo a él. Es más, nos puede atar a un pasado triste cuando él está interesado en un presente lleno de alegría y vida.

¿Te acordás lo que sucedió cuando el hijo pródigo entró en razón y se dio cuenta que era una estupidez seguir muriéndose de hambre si en la casa de su padre se podía vivir bien?

Cuenta Jesús que el muchacho volvió a su casa cabizbajo esperando el castigo merecido, pero el padre “lleno de amor y de compasión, corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó”5. El padre no exigió que el hijo demostrara remordimiento, que enumerara los pecados y errores cometidos o que pasara un tiempo a prueba hasta demostrar un cambio verdadero, ¡el padre estaba esperando que su hijo volviera su casa y disfrute la vida en familia!

Según Jesús, el “castigo” del padre fue preparar una fiesta en honor al hijo que había vuelto. De hecho, ¡fue tal la fiesta que el sonido de la música y de las personas riéndose y bailando podía oírse de lejos!6

Arrepentirse, según Jesús, es reaccionar.

Su mensaje tenía como fin que las personas reaccionaran, abrieran sus ojos y vieran que el Reino de Dios había venido a instalarse en medio de ellos (un Reino de vida, paz, alegría y amor). Cuando uno se arrepiente, deja de llorar y lamentarse y comienza a celebrar porque existe un Dios que ama, que perdona todos los pecados y que estaba esperando que volvamos a Él para festejar juntos.

Muchas traducciones nuevas de la Biblia, en vez de usar la palabra arrepentirse, usan expresiones más parecidas a lo que Jesús realmente dijo, tales como: vuélvanse a Dios, cambien su manera de pensar y de vivir, aléjense del pecado y acérquense a Dios.

En resumen, el mensaje es el mismo:

¿Para qué seguir viviendo una vida triste cuando Dios se acercó a nosotros?

¿Para qué seguir sentados en medio de nuestros fracasos cuando Dios nos está esperando para poder vivir una vida de victorias y alegrías?

Lo de la fiesta no es un invento mío. La comparación entre el Reino de los Cielos y una fiesta es algo que Jesús hizo varias veces. Otra de sus historias relata:

El reino del cielo también puede ilustrarse mediante la historia de un rey que preparó una gran fiesta (…) Cuando el banquete estuvo listo, el rey envió a sus sirvientes para llamar a los invitados. ¡Pero todos se negaron a asistir! 7

Me encantan los personajes que Jesús inventaba en sus cuentos. ¿Qué clase de persona rechaza una invitación a una fiesta en un palacio? ¿A quién no le gusta comer, beber y divertirse? Pero lamentablemente, a Dios le pasa lo mismo que a ese rey: hace una fiesta y los invitados no quieren ir.

¿Por qué será? Supongo que porque muchos creen que él está enojado con ellos, que no merecen su amor o que tienen que ganarse su perdón y por eso se quedan “en penitencia” en vez de ir a la fiesta. Lejos de producir cambios en nuestra vidas, esta actitud solo logra que vivamos en sufrimiento y depresión cuando fuimos creados para vivir una vida muy distinta

Aparte de eso, la enseñanza del arrepentimiento como un remordimiento y un lamento continuo es buen negocio para las religiones. Quien te vende algo que no necesitás te tiene completamente controlado. En vez de producir resultados definitivos, eso te convierte en alguien dependiente de la absolución y de la aprobación de otras personas.

Más de una vez hablé de esto con personas que tuvieron la misma reacción al escucharme: ¡Pero hay que hablar de dejar de pecar! ¡Hay que insistir en mencionar todo lo malo que se hizo! ¡Tiene que haber muestras de remordimiento! ¡El que se acerca a Jesús tiene que saber lo malo y pecador que es!

No estoy muy seguro de eso. No era el mensaje que Jesús enseñaba ni era lo que les decía a aquellos a quienes invitaba a seguirlo. El verdadero mensaje de Jesús sigue siendo el mismo: reaccioná a la nueva realidad que está delante de tus ojos, dejá atrás una vida sin sentido y seguilo en un nuevo recorrido.

Star Clusters on a Collision Course

¿Podés verlo? Cuando Jesús andaba en las calles diciendo “arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca“, esas palabras no provocaban miedo y culpa, sino entusiasmo y deseos de seguirlo. Un nuevo universo aparecía frente a las personas que escuchaban este mensaje, un universo donde todo “es una nueva creación. ¡Lo viejo ha quedado atrás y lo nuevo ha llegado!8

Era un mensaje de nuevas oportunidades. Simple, claro y revolucionario.

  1. Mateo 4:17 (Nueva Versión Internacional)
  2.  Lucas 15:17 (Nueva Traducción Viviente)
  3.  Lucas 15:13 (Nueva Traducción Viviente)
  4.  Lucas 15:16 (Nueva Traducción Viviente)
  5.  Lucas 15:20 (Nueva Traducción Viviente)
  6.  Lucas 15:25 (Nueva Traducción Viviente)
  7. Mateo 22:2, 3 (Nueva Traducción Viviente)
  8. 2ª Corintios 5:17 (Nueva Biblia al Día)

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