Necesitamos nuevas señales en este viaje

Señal en el camino

Estoy convencido que necesitamos nuevas señales para seguir a Jesús. De la misma manera que en un largo viaje de ruta nos valemos de ciertos indicadores para ver cómo vamos (sea el medidor del tanque de combustible, los carteles al costado del camino o las instrucciones del GPS), en esta aventura de vivir con Jesús nos hace falta tener mejores herramientas.

¿Por qué lo digo? Porque evidentemente somos incapaces de medir qué tan bien nos va y de prevenir desastres. ¿Cómo puede ser que después de años de vivir siguiendo y sirviendo a Dios nos despertamos una mañana con una vida que le daría vergüenza al más inmoral de los criminales? ¿Cómo puede ser que ya no nos sorprenda ver a maestros y modelos a seguir renunciar a los mismos principios que hasta el día anterior enseñaban con toda confianza?

Cuando uno tiene los indicadores adecuados en el camino es muy difícil terminar con el auto en el fondo de un barranco sin saber cómo se llegó a esa situación.

Además, saber medir nuestro progreso nos permite progresar aún más.

Balanzas falladas, cálculos erróneos y reglas torcidas

Una balanza se convierte en un aliado a la hora de mejorar nuestro estado físico, un presupuesto es indispensable para progresar económicamente y un correcto plan de acción nos puede llevar a tener éxito en lo que emprendamos.

¿Te imaginás querer ahorrar dinero con un resumen de tarjeta de crédito que tuviera errores en los números? ¿Te imaginás querer bajar de peso usando una balanza que mide incorrectamente? ¿Te imaginás seguir a Jesús sin tener la menor idea de cómo saber si estás progresando o no?

En nuestro ámbito cristiano, solemos medir el éxito de una persona basado en apariencias e indicadores externos. Eso nos hace víctimas de las cosas que tienen “apariencia de piedad” 1; es decir, parecen buenas, pero no tienen nada de vida en sí mismas.

El problema es que uno puede hacer muchas cosas “para Jesús” pero, si estamos desconectados de él, esas mismas actividades que parecen llenas de vida solo traen muerte. Por eso Jesús dijo:

Separados de mí, no pueden hacer nada. El que no permanece en mí es desechado como rama inútil y se seca. 2

Si le preguntáramos al hijo de Dios promedio cómo identificar a alguien que está progresando en su viaje con Jesús, probablemente nos mencionaría los siguientes indicadores:

  • asistencia a las reuniones de la iglesia
  • participación en las diferentes actividades de la iglesia
  • diezmo / ofrendas
  • tiempo que pasa orando
  • tiempo que pasa leyendo la Biblia
  • lenguaje correcto y uso de expresiones “cristianas”
  • círculo de amigos compuesto de personas de la misma iglesia
  • música que escucha y libros que lee
  • cantidad de personas que lo reconocen como líder o autoridad
  • lugares que frecuenta

De una manera sistemática, podríamos asignarle un puntaje del 1 al 10 a cada uno de esos indicadores. Mientras más cerca del 100 esté esa persona, más parecido a Jesús podríamos decir que es y lo considerarariamos aprobado por Dios.

Como dije al principio: muchas personas pasan esta prueba y miden correctamente según estos criterios, pero terminan sorprendiéndonos cuando un día abandonan todo y siguen malos caminos con la misma pasión con la que seguían a Jesús.

Quizás sea hora de incluirme en esta categoría. Más de una vez terminé en situaciones y condiciones que reflejaban cualquier estilo de vida menos el de Jesús, aún cuando tenía la apariencia de un “buen cristiano”.

Si estas no son las características de alguien que está madurando y viviendo como un hijo de Dios, entonces tampoco podemos usarla para saber cómo está nuestra vida y que tan cerca estamos de llegar al final del recorrido.

Jesús nos advirtió también en contra de otros indicadores erróneos. Si te parecía controversial lo que mencioné ahora, las palabras de Jesús pueden molestarte bastante:

No todo el que me llama: “¡Señor, Señor!” entrará en el reino del cielo. Solo entrarán aquellos que verdaderamente hacen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. El día del juicio, muchos me dirán: “¡Señor, Señor! Profetizamos en tu nombre, expulsamos demonios en tu nombre e hicimos muchos milagros en tu nombre”. Pero yo les responderé: “Nunca los conocí. Aléjense de mí, ustedes, que violan las leyes de Dios”. 3

Según Jesús, ninguna de las siguientes actividades son indicadores de la madurez de un hijo de Dios, o siquiera de una relación correcta con Dios:

  • Reconocer a Jesús como nuestro Señor
  • Profetizar
  • Expulsar demonios
  • Hacer milagros

Dicho de otra manera: la cantidad de eventos sobrenaturales que ocurren en nuestra vida no miden nuestra madurez. Y eso si es una sorpresa, porque tendemos a pensar que si Dios usa a alguien, significa que aprueba la manera en que vive su vida. Y si ese alguien demuestra el poder de Dios de una forma visible, lo elevamos a un nivel de “supercristiano”.

Pero si Jesús mismo no usa esa medida, ¿cómo podemos identificar a un “supercristiano” para imitarlo?

Las señales correctas en el camino

Dejen que el Espíritu Santo los guíe en la vida. 4

Para comenzar, tenemos que ponernos de acuerdo con un concepto que la Biblia repite una y otra vez: la vida de un hijo de Dios es el resultado de la acción del Espíritu Santo. Mientras más tenga el control el Espíritu Santo, más esa persona se parecerá a Jesús.

Estar unidos a Jesús se trata de expresarlo a él guiados por su Espíritu que vive y actúa en nuestro interior. Él nos da la vida y él quiere expresar esa vida abiertamente. Por eso dice la Biblia:

Ya que vivimos por el Espíritu, sigamos la guía del Espíritu en cada aspecto de nuestra vida. 5

Y:

Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. 6

En otros términos, ¿cómo mide uno que tan vivo está un niño? ¿Por las cantidades de juegos en los que participa, por su obediencia a sus padres, por su notas en la escuela o por la cantidad de buenos amigos que tiene?

Claro que no, uno mide la vida de un niño por el pulso que tiene (señal de vida). Y si uno quiere ser más específico en determinar su calidad de vida y salud, podría hablar de sus capacidades motrices, mentales y emocionales y la falta de enfermedades.

De esta manera, uno puede medir la vida de un cristiano por el pulso que da el Espíritu Santo y por las características que lo identifican como seguidor de Jesús. Esas características están detalladas claramente en la Biblia:

El Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. 7

Si queremos saber que tan bien vamos tenemos que medir en nuestra vida diaria el nivel de:

  • Amor
  • Alegría
  • Paz con los demás
  • Paciencia
  • Amabilidad
  • Buen trato hacia los demás
  • Confianza en Dios
  • Humildad
  • Control de los malos deseos.

En otra parte de la Biblia, se explica un poco más acerca de cómo estas características se reflejan en la vida diaria:

Ya que han oído sobre Jesús y han conocido la verdad que procede de él, desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño. En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes. Pónganse la nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo.

Así que dejen de decir mentiras. Digamos siempre la verdad a todos porque nosotros somos miembros de un mismo cuerpo. Además, «no pequen al dejar que el enojo los controle». No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados, porque el enojo da lugar al diablo.

Si eres ladrón, deja de robar. En cambio, usa tus manos en un buen trabajo digno y luego comparte generosamente con los que tienen necesidad. No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan.

No entristezcan al Espíritu Santo de Dios con la forma en que viven. Recuerden que él los identificó como suyos, y así les ha garantizado que serán salvos el día de la redención.

Líbrense de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta. Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo. 8

Podríamos pensar que la lista es interminable si Jesús no la hubiera resumido en una simple frase:

Les doy un mandamiento nuevo: Ámense unos a otros.

Ustedes deben amarse de la misma manera que yo los amo. Si se aman de verdad, entonces todos sabrán que ustedes son mis seguidores. 9

Para Jesús, la medida de madurez en sus seguidores es el amor. Y aún más específicamente, el amor que tienen por otros.

Esta es la “ley de Dios”. Esta es nuestra señal para saber qué tan bien vamos: ¿cuánto amamos a los demás?

El día que amemos a los demás de la misma manera que Jesús, sabremos que hemos madurado. Ese día seremos “supercristianos”. Pero claro, estaremos tan ocupados en ayudar a otros que seremos incapaces de sentirnos orgullosos por eso. Jesús es muy tramposo en ese sentido.

Para crecer, tenemos que demandarnos un mayor nivel de amor a los demás. Si descuidamos eso, corremos peligro de perder el rumbo y terminar en el destino incorrecto. Si celebramos otras características y no nos demandamos a nosotros mismos el mismo nivel de amor de Jesús, nunca vamos a llegar a ser como él.

Podemos tener aprobados todos los otros puntos, pero Jesús sólo nos examina con una sola medida. En sus historias y parábolas, lo dejó en claro una y otra vez.

Más de una vez me pregunté cómo podía hacer para amar más a los demás, cuando me parecía que no tenía el más mínimo amor para dar a otros. Hoy veo que eso es una pregunta muy tonta:

De su abundancia, todos hemos recibido una bendición inmerecida tras otra. 10

 

¡Miren! Dios el Padre nos ama tanto que la gente nos llama hijos de Dios, y la verdad es que lo somos. 11

 

Entonces Cristo habitará en el corazón de ustedes a medida que confíen en él. Echarán raíces profundas en el amor de Dios, y ellas los mantendrán fuertes. Espero que puedan comprender, como corresponde a todo el pueblo de Dios, cuán ancho, cuán largo, cuán alto y cuán profundo es su amor. Es mi deseo que experimenten el amor de Cristo, aun cuando es demasiado grande para comprenderlo todo. Entonces serán completos con toda la plenitud de la vida y el poder que proviene de Dios. 12

Fuimos amados con un amor ilimitado, incondicional, infinito e inagotable. Eso quiere decir que tenemos amor de sobra para dar. Si empezamos a amar así hoy, podemos estar seguros del destino al que vamos a llegar.

  1. 2° Timoteo 3:5 (Reina Valera Revisión 95)
  2. Juan 15:5-6 (Nueva Traducción Viviente)
  3. Mateo 7:21-23 (Nueva Traducción Viviente)
  4. Gálatas 5:16 (Nueva Traducción Viviente)
  5. Gálatas 5:25 (Nueva Traducción Viviente)
  6. Romanos 8:14 (Nueva Traducción Viviente)
  7. Gálatas 5:22-23 (Traducción en Lenguaje Actual)
  8. Efesios 4:21-32 (Nueva Traducción Viviente)
  9. Juan 13:34-35 (Traducción en Lenguaje Actual)
  10. Juan 1:16 (Nueva Traducción Viviente)
  11. 1° Juan 3:1 (Traducción en Lenguaje Actual)
  12. Efesios 3:7-19 (Nueva Traducción Viviente)

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